El derecho divino de los reyes.
A mediados de la edad media se estaban desarrollando un cierto enfrentamiento, esta fue la lucha por la supremacía entre el papa y el emperador (es el monarca soberano de un imperio o un monarca que tiene como vasallos a otros reyes. Es el título de mayor dignidad, por encima del rey) quienes además de ser un representante de una organización política era un terrateniente que tenía la posesión mediata e inmediata de toda la tierra.
Es importante resaltar que durante esta época, parte de Europa estaba siendo gobernada por feudales, cuya forma de gobierno se caracterizó por la descentralización del poder político; al basarse en la difusión del poder desde la cúspide (donde en teoría se encontraban el emperador o los reyes) hacia la base donde el poder local se ejercía de forma efectiva con gran autonomía o independencia por una aristocracia (Clase social formada por las personas que poseen títulos nobiliarios concedidos por el rey o heredados de sus antepasados), llamada nobleza, cuyos títulos derivaban de gobernadores del imperio carolingio.
A fines de la Edad Media, el poder de los señores feudales disminuyó notablemente. El agotamiento de las tierras, las hambrunas, las pestes y los levantamientos campesinos fueron algunas de las causas de su decadencia. Esta circunstancia fue aprovechada por los monarcas para iniciar un proceso de fortalecimiento del poder real. Este proceso alcanzó su culminación en el siglo XVII cuando se establecieron las monarquías absolutas en varios países de Europa.
Esta situación de enfrentamientos es donde entonces se profundizan los inconvenientes y a la vez se origina la teoría y las leyes de estas dos formas de gobierno.
En Inglaterra, se produjo que naciera la separación de estas dos doctrinas, debido que se consideraba una monstruosidad la forma en que estaba siendo gobernada la misma, donde habían dos formas de gobierno donde no se llegaba a un punto de equilibrio. Se le consideraba a la iglesia como necesaria, y a la existencia del rey también, ya que estos consideran que:
“El rey es el verdadero vicario en lo temporal de la misma manera que el sacerdote lo es en lo espiritual. Pero la dignidad del rey es mayor porque refleja la naturaleza divina de Cristo, en tanto que el sacerdote refleja su naturaleza humana.” (Belén Rosa de Gea, 1970, p.5)
A finales de la edad media donde se origina lo que es llamado el “Derecho divino de los reyes” como una forma la cual fue impuesta por los reyes de la época medieval, quienes afirman que son una institución de ordenación divina y se consideran la representación de Dios en la tierra. Cabe destacar que este tránsito entre una monarquía electiva a una monarquía hereditaria se dio en los siglos XI y es en el siglo XIV donde la monarquía hereditaria fue aceptada plenamente.
La monarquía electiva se caracterizó por ser una forma de gobierno en la cual el monarca es elegido por votación a través de algún mecanismo de naturaleza variable. A diferencia de la democracia, los electores y los candidatos pertenecen a algún cuerpo restringido, por el cargo ocupado, la pertenencia a un estamento (nacimiento), o algún tipo de condición personal o social. En la actualidad Samoa, la Soberana Orden de Malta, la Ciudad del Vaticano, los Emiratos Árabes Unidos y Malasia son las únicas monarquías electivas vigentes.
Y la monarquía hereditaria es una forma de gobierno en la cual el monarca es el heredero, normalmente un hijo, del monarca anterior. Se trata del tipo más común de monarquía, siendo la utilizada por casi todas las monarquías actualmente existentes.
En una monarquía hereditaria, todos los monarcas provienen de la misma familia, y la corona pasa de un miembro a otro de la familia. El sistema hereditario tiene como ventajas la estabilidad, la continuidad y previsibilidad, así como los factores de estabilidad interna de afecto familiar y lealtad.
La ley del mayorazgo se hizo extensiva a la corona, porque se concebía al rey como una persona física, y a la ley de sucesión como un caso de la ley hereditaria común. La sucesión primogénita al trono será muy importante en lo sucesivo; los juristas (ilustres), del siglo XIII Brancton entre ellos, contribuirán a la creencia en la santidad del primogénito del monarca al sostener que "Dios es quien puede hacer un heredero". Todo ello restará importancia y necesidad a la ceremonia de la coronación, que será uno de los argumentos principales para quienes defiendan la supremacía del papa frente al monarca.
En parte, el origen del derecho divino de los reyes parte de un concepto muy importante como lo es Estado, en la Edad Media se encuentra, como sabemos, en la teoría del Sacro Imperio Romano el cual fue una agrupación política ubicada en la Europa occidental y central, cuyo ámbito de poder recayó en el emperador romano germánico desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea.
Su nombre deriva de la pretensión de los gobernantes medievales de continuar la tradición del Imperio carolingio (desaparecido en el siglo X), el cual había revivido el título de Emperador romano en Occidente, como una forma de conservar el prestigio del antiguo Imperio romano.
Recordemos que para ésta época, el Estado perfecto tiene dos cabezas visibles, una de lo temporal y otra de lo espiritual, y ambas colaboran. El concepto ideal del Estado esta armoniosamente en la conservación de la paz y en la conducta ordenada de los cristianos; y todo ello, en una república que combina los elementos valiosos del antiguo Imperio Romano con todo cuanto se considera esencial para la realización de la ciudad de Dios.
Cristo es la verdadera cabeza del Imperio, y tanto el papa como el emperador son concebidos más como simples ejecutores investidos de poderes administrativos que como verdaderas autoridades supremas. Será necesario que se pierda de vista el carácter inmediato de la realeza de Cristo para que las dos autoridades inicien por su cuenta la pretensión de absoluta independencia y supremacía. En el desarrollo de este proceso será primero el papa, como el depositario más visible de la autoridad divina, y después el emperador, como elegido y nombrado por Dios, quienes pretendan ser la verdadera y suprema cabeza de la cristiandad y, por derecho divino, señores de toda la Tierra. Para ambos, el concepto de gobierno terrestre seguirá vinculado al de un reino celestial, y se tendrán a sí mismos como escogidos capitanes de una organización divina revelada que forma parte del orden eterno del universo.
El derecho divino de los reyes se sustenta y da mayor valor en la teoría de la obediencia fundada en sanciones de castigos eternos. La obediencia es un mandato divino. En este sentido se expresan Hildebrando, Juan de Salisbury y, un poco más moderado, Tomás de Aquino.
Entre estas dos formas de gobierno se discuten algunas cuestiones de detalle: los papistas insistirán en la importancia de la coronación como prueba de la subordinación del emperador al papa y verán en la ceremonia de la unción una prueba de la autoridad que el papa tiene sobre los reyes como intérpretes de la ley divina. Los polemistas del imperio contestarán que la coronación es innecesaria para conferir poder al rey o al emperador, puesto que lo tienen antes de ella.
Es entonces, junto a estos argumentos se requiere algo más. Será necesario pedir derecho divino para el emperador, y esto lo percibió especialmente Dante, quien sostiene que la monarquía universal es de constitución divina; que la posición que ocupó el imperio romano fue por la gracia de Dios, y que el emperador no deriva su autoridad de la Iglesia sino directamente de Dios. La misma o semejante posición será adoptada por los escritores franceses a favor de su rey Felipe El hermoso tras el repudio de éste a las pretensiones de Bonifacio VIII. A partir de entonces, la liberación de Francia de toda intervención papal motivará a los escritores gibelinos; y será aquí cuando comience a desarrollarse una teoría del derecho divino de los reyes.
Actualmente en el mundo existen 26 monarquías, que abarcan una gran cantidad de reyes, reinas, emperadores, sultanes y emires que gobiernan o reinan en un total de 43 países y que en algunos de estos casos provienen de familias con siglos en el poder.
Los tres tipos de monarquías son:
Monarcas que gobiernan: esta figura se da en países como Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Suazilandia, Brunéi, Omán, Bahréin, Jordania, Marruecos y El Vaticano.
Monarcas con algunos poderes políticos tenemos en Mónaco, Tailandia, Liechtenstein, Tonga y Bután.
Es importante resaltar que durante esta época, parte de Europa estaba siendo gobernada por feudales, cuya forma de gobierno se caracterizó por la descentralización del poder político; al basarse en la difusión del poder desde la cúspide (donde en teoría se encontraban el emperador o los reyes) hacia la base donde el poder local se ejercía de forma efectiva con gran autonomía o independencia por una aristocracia (Clase social formada por las personas que poseen títulos nobiliarios concedidos por el rey o heredados de sus antepasados), llamada nobleza, cuyos títulos derivaban de gobernadores del imperio carolingio.
A fines de la Edad Media, el poder de los señores feudales disminuyó notablemente. El agotamiento de las tierras, las hambrunas, las pestes y los levantamientos campesinos fueron algunas de las causas de su decadencia. Esta circunstancia fue aprovechada por los monarcas para iniciar un proceso de fortalecimiento del poder real. Este proceso alcanzó su culminación en el siglo XVII cuando se establecieron las monarquías absolutas en varios países de Europa.
Esta situación de enfrentamientos es donde entonces se profundizan los inconvenientes y a la vez se origina la teoría y las leyes de estas dos formas de gobierno.
En Inglaterra, se produjo que naciera la separación de estas dos doctrinas, debido que se consideraba una monstruosidad la forma en que estaba siendo gobernada la misma, donde habían dos formas de gobierno donde no se llegaba a un punto de equilibrio. Se le consideraba a la iglesia como necesaria, y a la existencia del rey también, ya que estos consideran que:
“El rey es el verdadero vicario en lo temporal de la misma manera que el sacerdote lo es en lo espiritual. Pero la dignidad del rey es mayor porque refleja la naturaleza divina de Cristo, en tanto que el sacerdote refleja su naturaleza humana.” (Belén Rosa de Gea, 1970, p.5)
A finales de la edad media donde se origina lo que es llamado el “Derecho divino de los reyes” como una forma la cual fue impuesta por los reyes de la época medieval, quienes afirman que son una institución de ordenación divina y se consideran la representación de Dios en la tierra. Cabe destacar que este tránsito entre una monarquía electiva a una monarquía hereditaria se dio en los siglos XI y es en el siglo XIV donde la monarquía hereditaria fue aceptada plenamente.
La monarquía electiva se caracterizó por ser una forma de gobierno en la cual el monarca es elegido por votación a través de algún mecanismo de naturaleza variable. A diferencia de la democracia, los electores y los candidatos pertenecen a algún cuerpo restringido, por el cargo ocupado, la pertenencia a un estamento (nacimiento), o algún tipo de condición personal o social. En la actualidad Samoa, la Soberana Orden de Malta, la Ciudad del Vaticano, los Emiratos Árabes Unidos y Malasia son las únicas monarquías electivas vigentes.
Y la monarquía hereditaria es una forma de gobierno en la cual el monarca es el heredero, normalmente un hijo, del monarca anterior. Se trata del tipo más común de monarquía, siendo la utilizada por casi todas las monarquías actualmente existentes.
En una monarquía hereditaria, todos los monarcas provienen de la misma familia, y la corona pasa de un miembro a otro de la familia. El sistema hereditario tiene como ventajas la estabilidad, la continuidad y previsibilidad, así como los factores de estabilidad interna de afecto familiar y lealtad.
La ley del mayorazgo se hizo extensiva a la corona, porque se concebía al rey como una persona física, y a la ley de sucesión como un caso de la ley hereditaria común. La sucesión primogénita al trono será muy importante en lo sucesivo; los juristas (ilustres), del siglo XIII Brancton entre ellos, contribuirán a la creencia en la santidad del primogénito del monarca al sostener que "Dios es quien puede hacer un heredero". Todo ello restará importancia y necesidad a la ceremonia de la coronación, que será uno de los argumentos principales para quienes defiendan la supremacía del papa frente al monarca.
En parte, el origen del derecho divino de los reyes parte de un concepto muy importante como lo es Estado, en la Edad Media se encuentra, como sabemos, en la teoría del Sacro Imperio Romano el cual fue una agrupación política ubicada en la Europa occidental y central, cuyo ámbito de poder recayó en el emperador romano germánico desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea.
Su nombre deriva de la pretensión de los gobernantes medievales de continuar la tradición del Imperio carolingio (desaparecido en el siglo X), el cual había revivido el título de Emperador romano en Occidente, como una forma de conservar el prestigio del antiguo Imperio romano.
Recordemos que para ésta época, el Estado perfecto tiene dos cabezas visibles, una de lo temporal y otra de lo espiritual, y ambas colaboran. El concepto ideal del Estado esta armoniosamente en la conservación de la paz y en la conducta ordenada de los cristianos; y todo ello, en una república que combina los elementos valiosos del antiguo Imperio Romano con todo cuanto se considera esencial para la realización de la ciudad de Dios.
Cristo es la verdadera cabeza del Imperio, y tanto el papa como el emperador son concebidos más como simples ejecutores investidos de poderes administrativos que como verdaderas autoridades supremas. Será necesario que se pierda de vista el carácter inmediato de la realeza de Cristo para que las dos autoridades inicien por su cuenta la pretensión de absoluta independencia y supremacía. En el desarrollo de este proceso será primero el papa, como el depositario más visible de la autoridad divina, y después el emperador, como elegido y nombrado por Dios, quienes pretendan ser la verdadera y suprema cabeza de la cristiandad y, por derecho divino, señores de toda la Tierra. Para ambos, el concepto de gobierno terrestre seguirá vinculado al de un reino celestial, y se tendrán a sí mismos como escogidos capitanes de una organización divina revelada que forma parte del orden eterno del universo.
El derecho divino de los reyes se sustenta y da mayor valor en la teoría de la obediencia fundada en sanciones de castigos eternos. La obediencia es un mandato divino. En este sentido se expresan Hildebrando, Juan de Salisbury y, un poco más moderado, Tomás de Aquino.
Entre estas dos formas de gobierno se discuten algunas cuestiones de detalle: los papistas insistirán en la importancia de la coronación como prueba de la subordinación del emperador al papa y verán en la ceremonia de la unción una prueba de la autoridad que el papa tiene sobre los reyes como intérpretes de la ley divina. Los polemistas del imperio contestarán que la coronación es innecesaria para conferir poder al rey o al emperador, puesto que lo tienen antes de ella.
Es entonces, junto a estos argumentos se requiere algo más. Será necesario pedir derecho divino para el emperador, y esto lo percibió especialmente Dante, quien sostiene que la monarquía universal es de constitución divina; que la posición que ocupó el imperio romano fue por la gracia de Dios, y que el emperador no deriva su autoridad de la Iglesia sino directamente de Dios. La misma o semejante posición será adoptada por los escritores franceses a favor de su rey Felipe El hermoso tras el repudio de éste a las pretensiones de Bonifacio VIII. A partir de entonces, la liberación de Francia de toda intervención papal motivará a los escritores gibelinos; y será aquí cuando comience a desarrollarse una teoría del derecho divino de los reyes.
Actualmente en el mundo existen 26 monarquías, que abarcan una gran cantidad de reyes, reinas, emperadores, sultanes y emires que gobiernan o reinan en un total de 43 países y que en algunos de estos casos provienen de familias con siglos en el poder.
Los tres tipos de monarquías son:
Monarcas que gobiernan: esta figura se da en países como Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Suazilandia, Brunéi, Omán, Bahréin, Jordania, Marruecos y El Vaticano.
Monarcas con algunos poderes políticos tenemos en Mónaco, Tailandia, Liechtenstein, Tonga y Bután.
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